Multitud de pequeñas esperanzas te mantienen el interés por el tiempo presente. El corazón dentro de cada uno de nosotros permanece abierto a la vida y con cada latido está clamando por un mayor cumplimiento del sueño de una vida mejor, de una vida más plena, de una felicidad más grande y duradera.

¿Esperas?

¿Vives con esperanzas? ¿Tienes muchas esperanzas? ¿Se te agota la fe? ¿Sueñas con el Cielo?
En este mes de diciembre se nos propone caminar con toda la Iglesia hacia el cumplimiento de todos los tiempos. Caminaremos juntos hacia la meta definitiva de todo. Hacia la Pascua de todo el Universo. Y la Pascua de todo es Él.
Quien vino, vendrá. Quien fue engendrado en el seno de la Virgen será coronado con todo poder y gloria como Señor y Mesías. Quien nació en Belén y fue recostado en un pesebre, volverá sobre las nubes del cielo y nos llamará por nuestro nombre.

Él vendrá

Por eso, este es el tiempo de aguardarle con esperanza. De estar en vela y preparar el camino para Él. Este es el tiempo de creer y querer su venida final. Es el momento. Ahora podemos amarle y abrirle paso. De hacerle sitio. De darnos cuenta de que está llegando. De que Él quiere encontrarnos y que sueña con que al llegar estaremos esperándole con el corazón encendido por el deseo de su compañía. De su amor.

Comienza el Adviento. Es tiempo ya de encender las velas de nuestras súplicas confiadas. De decorar nuestras almas con las virtudes cristianas. De encargar mensajes sinceros en un testimonio creíble de su Evangelio para que los demás nos vean y no se cansen de seguir esperando o de volver a empezar a caminar hacia Él. ¡No te duermas!

La Iglesia en Adviento cuenta con nosotros para alumbrar unidos una nueva esperanza que este mundo pueda ver, para poder creer.