Lectura del Evangelio, al encuentro con Jesús

Lectio divina

La Palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo;
penetra hasta el punto donde se divide alma y espíritu, coyuntas y tuétanos;
juzga los deseos e intenciones del corazón.
(Hb 4,12)

Viernes a las 19:00 h.

¿Cuántas veces esperamos de Dios una palabra y solo hallamos silencio?

¿Cuántas nos acercamos a los Evangelios y no entendemos su sentido?

¿Cuántas anhelamos qué Jesús esté con nosotros y no lo encontramos?…

Leyendo el Evangelio del domingo

Los viernes, a las 19,30, nos reunimos guiados por el P. Juan Carlos Carvajal para leer el Evangelio que se proclamará el domingo siguiente en la Misa dominical. El objetivo es muy sencillo, los participantes buscamos escuchar la Palabra que Dios nos dirige a cada uno de nosotros para que nos podamos encontrar personalmente con Jesús y hallar la gracia para seguir sus huellas en nuestras vidas.

Dios quiere comunicarse

Estos y otros interrogantes llevamos muchos cristianos en el corazón. Nos encantaría dialogar con Dios y no sabemos. Nos gustaría pasar un rato leyendo el Evangelio, pero al poco tiempo se nos cae de la mano. Deseamos observar cómo Jesús pasea por nuestras vidas y no hallamos su rastro. Y, sin embargo, Dios quiere comunicarse, conversar con nosotros y revelarnos su Palabra –que es Jesús– para que, poco a poco, casi sin darnos cuenta, su Hijo tome carne nuevamente en nuestra vida.

También tú estás invitado

¡Anímate, incorpórate a este espacio de encuentro con la Palabra!

El grupo es abierto, no es preciso venir todos los viernes.

El único requisito es que queráis que la Palabra de Dios sea lámpara para vuestros pasos luz en vuestros senderos” (cf. Salmo 119,105).

en la tradición de la iglesia

El grupo se ejercita en un modo de lectura que es tradicional en la Iglesia: la “Lectio divina” o lectura espiritual de la Escritura.

Este método se compone de cuatro tiempos:

Lectura

En un primer instante preguntamos qué dice el texto.

Meditación

En un segundo momento nos dejamos interpelar por lo que dice el texto y nos preguntamos qué nos dice a cada uno personalmente.

Oración

En este tercer instante, y de acuerdo con lo que la Palabra divina nos ha dicho, nos dirigimos confiadamente a Dios en acción de gracias, petición de perdón, suplica…

Contemplación

Es el momento de callar, de dejarnos mirar y esperar a que Dios obre con su gracia. El Señor, en lo más profundo de nuestro ser obrará según su Palabra.

Cambio de vida

Por último, si la lectura del Evangelio es asidua y sincera, y si nos abrimos a la Palabra divina,
nuestra vida,imperceptiblemente, poco a poco, cambia…

Jesús va tomando posesión de nosotros.

Desde hace bastantes años tengo la costumbre de leer a diario el Evangelio y dedicar algunos minutos a meditar sobre el mismo. Por ello, tuve cierta reticencia a asistir a las sesiones de Lectio Divina cuando empezaron en la Parroquia a principio de este curso.
Total, ¿que iba a aprender a estas alturas y, encima, con un sacerdote recién llegado a San Fulgencio?

Sin embargo, ya desde el primer momento percibí un ambiente diferente al del resto de actividades parroquiales. La colocación de las sillas con esmero y de manera circular, en la que el cura era uno más del círculo de asistentes; el tono sencillo en que se presentó la manera en que debíamos proceder; la dinámica, que parecía espontánea, pero denotaba mucho tiempo de preparación. Todo ello para hacer de algo en principio tan sencillo como leer un escrito de media página y creer comprenderlo. ¡Que craso error! ¿Cómo es posible profundizar en la Palabra hasta encontrar significados hasta ahora desconocidos?

Desde aquel primer viernes de noviembre en que comenzamos, estoy deseando que llegue la tarde del viernes para compartir y poner en común con un grupo de personas, en número nada desdeñable, lo que del Evangelio del siguiente domingo nos dice el
corazón. No os miento si digo que no solo está siendo una actividad muy saludable para el conocimiento e interpretación correcta de la Palabra sino también tremendamente divertida por las meteduras de pata que, con cierta frecuencia, expresamos y, sobre todo, porque nos estamos acostumbrando a hablar en público y sin vergüenza alguna de la Palabra de Dios, cosa que en los tiempos que corren había caído, al menos para mí, en el olvido.

José Luis Buceta