La realidad dinámica de la Familia

 

Todos en la familia -abuelos, padres, hijos, nietos estamos llamados a dar en cada momento lo mejor de nosotros mismos, con la ayuda de Dios, para dar forma cristiana a la familia. También los padres crecen con los hijos y, a medida que pasan los años, los papeles en la familia pueden cambiar: el que empujaba antes, ahora es llevado, el que iba delante deja su puesto a los que vienen detrás. El hogar, que forman entre todos, es mucho más que el primer recurso para las necesidades elementales de nutrición, calor y vestido; es, junto con todo eso, el lugar en el que se descubre la belleza de los auténticos valo- res humanos; del dominio de sí y del respeto, tan necesario para las relaciones interpersonales; de la responsabilidad, de la lealtad, del espíritu de servicio. Valores, todos ellos, que se forjan a fuego lento, que requieren un sencillo pero fuerte sentido de pertenencia: la conciencia de que no haber sido simplemen- te arrojados al mundo, sino acogidos desde el principio en una pequeña por- ción de mundo, no hecha de tierra sino de cariño: una familia.

* Es conveniente leer los puntos 350 y 456 del Compendio del Catecismo.