Maria, 23 años

«La alegría es misionera» nos decía el Papa el primer día, y así es como yo he vivido esta JMI en
Lisboa. Ha sido una fiesta donde la alegría de ser amados por Cristo se ha hecho tangible y
contagiosa, daba igual de qué país vinieras, todo el mundo gritaba, cantaba, y sonreía. Han sido unos días de ser iglesia viva y confiada, una Iglesia universal y necesaria donde entran todos.
Me siento inmensamente agradecida por esta experiencia. Agradecida por la sensación de hogar que me ha rodeado durante todo el viaje y por el amor con el que nos han acogido los portugueses, me he sentido esperada y profundamente querida.
En estos días he podido ver a Cristo en los pequeños detalles del dia a dia y me vuelvo a casa con la ilusión de hacer de mi rutina un continuo encuentro con el Señor.